20140417-113412.jpgTodo emprendedor con una buena idea sabe que tiene que transformarla en un producto válido y sostenible que el mercado acepte. Las técnicas “de toda la vida” para poner en marcha su proyecto empresarial dicen que debe planificar, que debe tener un Plan de Negocio, un Plan Estratégico,un Plan de Viabilidad, un Plan de Marketing, etc.

Aceptando que esto es lo correcto y que sin planificación el porcentaje de fracaso es mucho más alto que cuando la hay, surge la siguiente pregunta ¿cómo planificar algo que se desconoce?. Una empresa ya existente, cuando emprende una nueva línea de negocio o innova en las que ya tiene funcionando, puede realizar su planificación en base a datos históricos y tendencias de sus consumidores y/o clientes y tanto la elaboración de los planes, como su seguimiento y validación son realmente acertados y relativamente sencillos de realizar.

Pero ¿que ocurre cuando un emprendedor pone en marcha una nueva idea, proyecto o producto?, en tiempos como los actuales de extraordinaria incertidumbre, todavía se agudiza más el desconocimiento sobre como el mercado acogerá esa idea, proyecto o producto.

Lo normal sería plantear un serio estudio de mercado, segmentación los clientes y realizar las acciones que se consideren más adecuadas para la puesta en marcha pero, esto que parece tan normal, ¿realmente es valido cuando el cliente no sabe exactamente si quiere el producto?, ¿cómo podemos hacer un estudio de mercado de un producto que no existe en el?.

Desde mi punto de vista es cuando la creatividad del emprendedor debe ponerse en marcha para contrastar la bondad de su producto, posiblemente olvidándose de la excelencia.

Al leer esto todos los puristas de las metodologías, apasionados de las modas estratégicas, cobradores de planes que después sólo sirven para levantar el monitor del ordenador, se echaran las manos a la cabeza y dirán: este señor no tiene ni idea y va contra corriente.

Tambien puede ser que tengan razón, pero siempre he considerado que por encima de la metodología, de la cual soy un ferviente seguidor, está el sentido común y, en estos tiempos, el sentido común me dice que ante máxima incertidumbre el mejor método no debe implicar esperar al final de un proceso para saber si estamos en el buen camino.

Se va a entender mejor con un ejemplo. Un buen ingeniero, con una buena idea, tendera siempre a desarrollarla al máximo, teniendo en cuenta todas las características y variables que pueda, crea o deba incluir en sus propiedades, es decir, si desarrolla un nuevo software tratara de que cuando salga al mercado sea prácticamente perfecto.

Este sería un típico caso de que lo perfecto puede llegar a ser enemigo de lo bueno.

Primero porque, aunque aparentemente, pueda ser un producto deseado y/o necesitado por los potenciales clientes, no  tenemos ningún tipo de información sobre si es o no lo que los clientes quieren, aunque se haga un estudio de mercado es muy difícil conocer las preferencias de los clientes sobre algo que no saben si necesitan y que ni tan siquiera se habían planteado tener, así que mucho menos conoceremos que aspecto prefieren para usarlo, si lo usan.

Aqui es donde planteó un nuevo modelo para la puesta en marcha de proyectos de emprendimiento, en lugar de aplicar miles de horas de desarrollo para poner en el mercado el producto perfecto que no sabemos sí nuestros clientes quieren, ¿no es mejor sacar la versión beta de fácil uso para testera su bondad?.

Parece de “perogrullo”, pero a quienes nos gusta el trabajo bien hecho, hacer algo así nos parece anatema y resulta difícil poder comprenderlo y aplicarlo. Esta mentalidad de lo perfecto, no siempre ayuda a un emprendedor o empresario a tener éxito, es más, puede llevar al fracaso y, lo que es peor, a la ruina.

Pensemos con lógica, hoy en día, sobre todo en entornos de nuevas tecnologías, los clientes son mucho más receptivos al “ensayo/corrección” y más que un producto perfecto, lo que esperan es una buena respuesta para su actualización. Por otra parte, el emprendedor o empresario no debe de arriesgar todo su trabajo e inversiones a esperar, después de mucho dinero, tiempo y trabajo, que el producto tenga éxito en medio de la total incertidumbre.

Si bien es verdad que de donde más se aprende es de los fracasos, siempre será mejor aprender de pequeñas disconformidades que han costado poco dinero y horas de trabajo, que no de un batacazo que después de muchísimo trabajo, dinero e ilusión, nos lleva al pozo más profundo y del que se hace más difícil salir.

Resumiendo mi propuesta, metodología con sentido común. Ayudar y acompañar a un Emprendedor no consiste en hacer un tocho de papel bien cobrado, un emprendedor necesita que le ayudemos a planificar, pero sobre todo que le acompañemos, hombro con hombro, en su camino, entonces seguro que pagará nuestro trabajo de consultoría de forma mucho más satisfactoria.

Por terminar, aún reconociendo que la cita “los consultores son a las empresas, como los eunucos al amor”, tiene cierta parte de razón, los profesionales de la consultoría, especialmente, los que nos dedicamos a ayudar a nuevos empresarios emprendedores, debemos de velar por la profesionalidad, por la ética y, sobre todo, por el bienestar de nuestros clientes. Al éxito se llega por la persistencia en el aprendizaje continuo, el buen hacer y la planificación de la incertidumbre aunque parezca un contrasentido.

Rafael Pros

CEO-Consultor senior

GCL VERÁN